jueves, 8 de marzo de 2012

El 8 de Marzo y los días de las mujeres:

8 de Marzo de 2012

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, por
iniciativa de la luchadora obrera socialista Clara Zetkin que evocan,
por un lado la realización en 1857 de una marcha convocada en el mes de
marzo por el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower
East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de sólo 10
horas, también la huelga en marzo de 1867 de las planchadoras de
cuellos de la ciudad de Troy. Además de una multiplicidad de luchas que
las mujeres sostuvieron en diversas latitudes del mundo.

Pero cabe señalar que el 8 de marzo como fecha emblemática de lucha
por los derechos femeninos es de algún modo un cruce de historias, en
las que hechos y situaciones construyen un panorama complejo.

Pues el movimiento de mujeres, como todo movimiento social, no ha sido
y no es homogéneo, ciertos hitos históricos marcan u orientan
conductas y generan enfrentamientos o confluencias, pongamos por caso
la Primera Guerra Mundial, la revolución Rusa de 1917, la lucha por el
derecho al sufragio femenino, los enfrentamientos entre socialistas
revolucionarias, sufragistas y anarquistas.

Hay que destacar también la creciente organización de las mujeres en
los sindicatos ya desde los albores del siglo XX, la Región Argentina
tiene ejemplos emblemáticos como los de Virginia Bolten, Juana Rouco
Buela, María Collazo, Luisa Lallana o Carolina Muzzilli.

El presente muestra un creciente protagonismo femenino en las luchas de
los movimientos de campesinos pobres, en la defensa del medioambiente,
en los conflictos por la salud y la educación pública y en muchos
otros ámbitos.

Nos parece importante debatir sobre los días de las mujeres en las
sociedades en las que abunda el doble discurso y la doble moral.

El 8 de marzo una fecha que debe interpelar nuestras conciencias más
allá de los géneros estereotipados por los macropoderes dominantes en
la sociedad.

martes, 28 de febrero de 2012

OTRO CRIMEN DE LAS PATRONALES Y EL ESTADO EN EL FERROCARRIL:

28 de Febrero de 2012

Las tragedias no deben utilizarse para especular ni política ni
económicamente, pero deben servir para depurar responsabilidades.
Pasaron varios días desde el siniestro ferroviario en Once y pareciera
que todavía falta un chispazo para que salte la bronca.
Más de cincuenta trabajadores muertos y unos setecientos heridos con
impunidad indignante. Indignante es también una burda sospecha aprovechando la confusión inicial que apuntó a romper el hilo por su parte más delgada: un error humano del conductor, un trabajador víctima igual que los otros cientos que encontraron la muerte, al que se intentaba vergonzosamente lapidar para pasar de puntillas sobre los verdaderos responsables.

Empezará estos días la danza de acusaciones, investigaciones y citaciones de la justicia. Los próximos meses, los medios nos bombardearán con datos tan relevantes como las últimas comunicaciones de celular de la novia de uno de los pasajeros o la vida privada de cada víctima. Es posible que se cree hasta una comisión parlamentaria investigadora, que se interpele a algún ministro y que haya reacciones populares espontáneas exigiendo “que se vayan todos”. Una burbuja mediática que se deleitará en el morbo hasta que los hechos se enfríen y se pueda pasar página obviando blanquear las culpas.

El accidente ferroviario del Sarmiento pone en evidencia, una vez más,
los mecanismos instalados en los 90 con la lógica de rentabilidad, la
misma que trata a los trabajadores como ganado, que ahorra en
mantenimiento y calidad de servicio y que sigue lucrando con mano de
obra precarizada. Se suma a la desidia patronal, la de su cómplice el Estado que, lejos de supervisar el material en uso, mira hacia otro lado potenciando la mafia corrupta de las concesiones, como miran hacia otro lado los líderes sindicales cuando los trabajadores del Tren Buenos Aires (T.B.A), que llevaban meses avisando de la posibilidad de una tragedia, denuncian la falta de mantenimiento, la nula inversión y hasta el robo de rieles. Los trabajadores de base, los que día a día dejan la piel en su puesto de trabajo, saben mejor que nadie la realidad que azota al ferrocarril, pero claro, escucharlos implicaría renunciar al botín que gustosamente se reparten patronal, sindicato y políticos.

Por último, el “accidente” de Once hace palpable la avaricia capitalista que impone una centralización extrema en la región, que empobrece el interior y que colapsa Buenos Aires. La población subsidia a empresas localizadas en el área metropolitana de Capital Federal y millones de personas viajan diariamente hacinadas, en pésimas condiciones y con costos económicos y sanitarios aberrantes, a cumplir con sus obligaciones laborales. Para el sistema, las personas únicamente somos mercancía.

Sólo con la lucha organizada en la protesta, en nuestros puestos de
trabajo y en la denuncia y la acción directa contra el sistema de
transporte inhumano al que nos somete la patronal concesionaria y el
Estado, con la complicidad de la burocracia sindical, podremos evitar en
el futuro cercano otro crimen semejante. Sólo así podremos evitar que
estos asesinos nos sigan matando. Asesinos que, lógicamente, nunca
serán juzgados como terroristas (qué es lo que realmente son) bajo los
preceptos de la nueva ley que defienden, porque ellos son los que hacen las leyes y se llevan el dinero, mientras echan lágrimas de cocodrilo cuando matan a los trabajadores.

CONSEJO FEDERAL

Federacion Obrera Regional Argentina
(adherida a la AIT)

prensa@fora-ait.com.ar

jueves, 23 de febrero de 2012

A propósito de Emilio López Arango:



López Arango


Decía Emilio López Arango, en el suplemento semanal de La Protesta 1925 que: “Para crear un movimiento sindical concordante con nuestras ideas -el movimiento obrero anarquista- , no es necesario “embutir” en el cerebro de los obreros ideas que no conciben o contra las que guardan rutinarias prevenciones. La cuestión es otra. Nosotros, en oposición al concepto marxista de que la clase obrera, en razón de sus intereses económicos, forma en sí misma una entidad social homogéneo, sostenemos que el proletariado es, como fuerza revolucionaria, lo que ideológicamente representa y lo que moralmente vale”. Y continúa López Arango: “El movimiento social contemporáneo, pese al factor económico, se inspira en principios ideológicos y es, por lo que realiza y por lo que esboza teóricamente, la viva representación de los antagonismos que diariamente se suscitan en el campo de las ideas”.

Este pensamiento instaló un profundo debate en el movimiento social de la época en la Argentina. La agudeza con qué Arango lo planteó fue producto de un largo e intenso análisis que arrancó desde las bases mismas de la clase trabajadora, las costumbres y sus hábitos fueron lo que determinaron el concepto. Era un verdadero proceso de diferenciación que le dio un carácter específico en el marco de una intensa lucha ideológica. Los marxistas sostenían que ése pensamiento contribuía a dividir al movimiento obrero aún más de lo que estaba, sin darse cuenta o no queriendo asumir la realidad cotidiana que en ésa división estaba la fuerza vital revolucionaria, de que en esa concepción correspondía una metodología organizativa apoyada en medios y fines coherentes con las concepciones finalistas en la lucha de clase, y que tomaba distancia de la idea de ser una fuerza disciplinada y sometidas a las voces de los jefes de las organizaciones políticas. Los libertarios que activaban en el campo obrero estaban decididos a “crear un instrumento de acción que les permitiera ser una fuerza actuante y beligerante en las luchas por la conquista del futuro”, como sostenía López Arango con gran claridad.

Nosotros hoy, en estos nuevos tiempos, estamos convencidos que el gremialismo tendrá trascendencia y será una herramienta útil a la clase trabajadora, en la medida que se asuma como movimiento transformador de la sociedad de explotadores y explotados, e instale la conciencia colectiva de la responsabilidad de una nueva tarea histórica que se inspire en las ideas anarquistas y en las formas de organización que históricamente le diera nacimiento. Los trabajadores somos una clase económica bien determinada, porque establecemos una relación directa con la producción de bienes de uso y de cambio, pero a la vez somos heterogéneos en individualidades, en hábitos y costumbres y mucho más como individuos pensantes, con ideas y aspiraciones divergentes.

Si nuestro gremialismo es capaz de comprender la variedad de diversidades y contradicciones que conviven en el seno del movimiento obrero y asume con realismo en la cotidianeidad su proceso de lucha económica, comenzará a ser un instrumento emancipador de la minoría consciente dentro de la clase trabajadora. Como sostenía habitualmente López Arango: que para nosotros los anarquistas, la organización de los trabajadores “es una necesidad resultantes de sus condiciones económicas”. Pero esta sola condición no es suficiente para interpretar la cuestión social ni darle una solución de raíz y lógica. Esta situación específica que se da constantemente en el movimiento obrero establece con claridad que no se puede prescindir de las orientaciones ideológicas en los gremios porque son las ideas las que llenan a las organizaciones obreras de proyectos de emancipación que sepa sustituir en un momento dado de sus luchas el proyecto capitalista y su dictadura económica.

Sería un error no llevar las ideas anarquistas al seno del movimiento obrero, porque cuando muchos anarquistas renunciaban a esa tarea del momento, a la propaganda ideológica en los sindicatos y deponían esa iniciativa en función de una supuesta unidad de la clase, los políticos marxistas aprovechaban el terreno dejado de lado intencionalmente por muchos compañeros y proclamaban ellos sus ideas en la conciencia del proletariado. Los sindicatos no pueden ser organizaciones pasivas frente al capitalismo, o ir a la cola de los acontecimientos que el sistema de explotación produce, como tampoco ser sólo agentes económicos, sólo productores de valores por la transformación de la materia prima y quedar atrapado en la lógica del mercado de la oferta y la demanda sobre las fuerzas productivas.

Nosotros debemos tener una presencia y una influencia en las ideas organizativas, en los métodos acorde con los medios y los fines, para proclamar los principios libertarios de la horizontalidad en la organización, sin dirigentes ni dirigidos, donde sea el conjunto de los trabajadores o el colectivo en su totalidad el que asuma la concepción de un gremialismo inspirado en los preceptos anarquistas. Para llegar a ése gremialismo será necesario luchar contra los prejuicios de una cierta “unidad de los trabajadores” que en el terreno de los hechos no es tal y que sólo sirve esa supuesta “unidad” a las aspiraciones de ciertos dirigentes que más temprano que tarde se transforman en funcionarios profesionales de un gremialismo al servicio del sistema. La acción gremial es un medio que tenemos los trabajadores, es un instrumento que nos permite estar siempre atentos en la cuestión económica y en esa lucha nunca deben sacrificarse los principios libertarios a los medios o como mejor lo dijo Arango, “la concepción revolucionaria al instrumento que empleamos para ejercitar al proletariado” en la lucha contra la tiranía capitalista.

Desarrollar en el movimiento obrero un intenso y constante activismo partiendo desde nuestros puntos de vistas anti-jerárquicos y anti-dogmáticos, que abarque la cuestión económica, con la idea de que los trabajadores se organicen en defensa de sus intereses y que esa lucha hacia la conquista económica sea conscientemente desarrollada como un ejercicio educativo, que enseñe a cada trabajador la necesidad de la organización de base y la importancia del debate de opiniones y criterios diferentes en la cuestión económica y laboral, porque solamente desde esas experiencias adquiriremos la confianza en nuestras propias fuerzas y en la del colectivo. Los acuerdos de criterio y organización establecidos desde las asambleas nos darán la fortaleza para encarar y desarrollar las luchas con sólida confianza y lograr las reivindicaciones anheladas.

Nada enseña más y mejor que la práctica sobre el terreno de los hechos, es decir, desde el taller y la fábrica, y nada es más convincente que comprobar por nuestros propios medios, cuando los intereses son comunes y nuestras voluntades individuales están organizadas, cómo se eleva la conciencia en las luchas y cómo comprendemos mejor la importancia del activismo en cada acción emprendida. Es una cuestión eminentemente ideológica nuestra concepción sobre la organización en el mundo del trabajo, porque no parte sólo de una necesidad económica común a todos los trabajadores, sino sobre razones que van más allá de lo específicamente económico, cuestiones de afinidad en la metodología empleada para encarar la organización de base, teniendo siempre en cuenta los hábitos y costumbres sobre la práctica de la libertad de conciencia en el debate y la igualdad en las responsabilidades de la acción gremial. Nuestros compañeros precursores-fundadores de la Federación Obrera Regional Argentina supieron encarar dicha problemática con sabiduría, las cuales quedaron registradas en todos los congresos de la F.O.R.A.

Por eso, cuando Emilio López Arango manifiesta que “no es posible ganar a los trabajadores para las ideas anarquistas si se emplea el método de la neutralidad ideológica y de la no beligerancia en las luchas internas del movimiento obrero”, está tomando una posición ideológica militante en coincidencia con lo que viene desde el fondo de la historia. Estas enseñanzas están colmadas de acciones y de gestas que hoy continúan manteniendo vigencia. Es verdad, en el movimiento obrero se reflejan todas las tendencias políticas, religiosas y filosóficas, fue ayer como es hoy, como de la misma manera los trabajadores buscan en los gremios la defensa de sus intereses comunes pero a su vez interponen intereses particulares que motivan una interpretación individual de sus luchas.

“El campo social es un campo de batalla, se pelea con razones y con puños”, dice Arango, y es así, pues entonces las ideas libertarias serán proclamadas por la propaganda y la agitación y el ejemplo que cada uno de los activistas sepa transmitir al conjunto de los trabajadores. Nosotros no creemos en el clasismo como método de lucha contra la burguesía explotadora, porque luchamos para establecer una sociedad sin clases, inclusive a la clase trabajadora, que emergerá en esa nueva sociedad como productores libres. Esa es nuestra coherencia cuando hablamos y proclamamos el equilibrio entre los medios y fines, base de sustentación de todos los activistas anarquistas que desarrollamos nuestras vidas en el movimiento obrero.

Campi, 14 de octubre de 2011.

Activista-militante de la Sociedad de Resistencia de Oficios Varios

Zona Norte del Gran Buenos Aires

Adherida a la Federación Obrera Regional Argentina.

F.O.R.A. – A.I.T.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Muerte cotidiana:

A veces creemos, o queremos creer, que las cosas pasan por casualidad o por el “destino”. Que es algo que sabíamos que sucedería, que lo “presentíamos”, pero, en realidad, era que lo habíamos estudiado, lo habíamos analizado, comparado, proyectado, etc.

Las casualidades no existen, porque quedan libradas al arbitrio de un ser superior o fin que desconocemos, o, mejor dicho, queremos desconocer.

Las causalidades existen. Cada acto tiene un motor y una consecuencia. Sean estos inmediatos o mediatos. Así, como también, pueden modificarse o evitarse. Pero todo acto está ligado con otro, así como sus consecuencias, que cuando se combinan todos estos, pueden traer innumerables variantes y desenlaces.

Miércoles 22 de febrero, y es de mañana. Estación Once de la línea Sarmiento de trenes. Una formación impactó al final de la vía provocando un nuevo desastre ferroviario en lo que va de un año. Cuarenta y nueve muertos, seiscientos heridos dicen los medios en sus carteles gigantes de color rojo. Se busca la nota con el pasajero aunque esté muy lastimado. Nada importa.

En Flores, hace unos meses, un accidente entre un tren y un colectivo. Once muertos. En Palermo, sobre el puente Pacífico descarriló el San Martín, con sus consecuencias. En Abril del 2011, en la línea mitre ocure otro descarrilamiento, etc.

Que las vías estén desniveladas, y hasta sin estar sujetadas a los durmientes (viejos), y que el tren salte y dé sacudones, no es nada nuevo. No es novedad y no espanta.

Que las barreras no bajen y que no haya banderillero, tampoco.

Que el guarda maltrate a los pasajeros y que el tren no funcione, no importa.

Que, además de pagarles a aquellos que manejan los medios de transporte, y a sus defensores políticos y sindicales, y que también manejen nuestras vidas, parece que tampoco importa. Así, como tampoco importa cuando los mismos trabajadores, quienes no sólo cumplen un horario o no se escudan tras un cargo, denuncian las condiciones laborales y del transporte.

Cuando nos importe el otro, cuando sepamos lo que es la solidaridad y el apoyo mutuo, vamos a entender que no existen las casualidades, que no hay tal “destino”. Nos daremos cuenta que merecemos respeto, que nadie puede hacer teje y maneje de nuestras vidas, que no hay que dejarse manosear, que el poder en todas sus formas y colores es lo que nos mata día a día. En ese momento, nuestros “presentimientos” van a ser certezas de que no valemos nada para aquellos que viven de nuestra sangre por lo que dejamos en nuestros trabajos, lo que nos quitan los políticos y el periodismo cuando necesitan de nosotros muertos o como chivos emisarios.

Cuando comprendamos esto, nadie va a atreverse a quitarnos un átomo del fuego de nuestras vidas.

¡VENGANZA POR LAS VICTIMAS DE ESTE SISTEMA ASESINO!


Hernán.


martes, 14 de febrero de 2012

Cita:

El mejor exponente de la filosofía anarquista en la antigua Grecia fue Zenón (342-267 o 270 a. C.), cretense, fundador de la escuela estoica, que opuso una concepción clara de comunidad libre sin gobierno a la utopía estatista de Platón. Repudió la omnipotencia del Estado, su carácter intervencionista y reglamentador, y proclamó la soberanía de la ley moral del individuo, subrayando ya que, aunque el necesario instinto de autodefensa lleva al hombre al egoísmo, la naturaleza ha proporcionado un correctivo dando al hombre otro instinto: el social. Cuando los hombres sean lo bastante razonables para seguir sus instintos naturales, se unirán por encima de las fronteras y constituirán el Cosmos. No necesitarán ya tribunales de justicia ni policía, no tendrán templos ni cultos públicos, no utilizarán moneda alguna: habrá donaciones libres en vez de intercambios.
Por desgracia, no han llegado hasta nosotros las obras de Zenón y sólo conocemos citas fragmentarias. Sin embargo, el hecho de que su misma formulación sea similar a la formulación utilizada hoy, muestra hasta qué punto es profunda la tendencia de la naturaleza humana de la que fue portavoz.

Definición de Anarquismo para la Enciclopedia Británica, de Piotr Kropotkin

viernes, 3 de febrero de 2012

Citas...

“La libertad no es hija del orden sino su madre”.

Proudhon, citado por Ángel Capelletti


“… no hay ningún otro sistema sino el de la república como una comuna, la república como una federación, una república genuinamente socialista y popular: el sistema del Anarquismo.”

Bakunin, Socialismo sin Estado: el Anarquismo


“El bienestar de todos como fin; la expropiación como medio”.

Kropotkin, La conquista del pan


… cuando algunos creyeron que la causa fundamental del mal era la lucha entre los hombres con el consiguiente dominio de los vencedores y la represión y explotación de los vencidos, cuando vieron que este dominio de unos frente a la sumisión de otros, a través de la historia, había provocado la propiedad capitalista y el estado, entonces nació el anarquismo”.

Errico Malatesta

sábado, 31 de diciembre de 2011

Comunicado de Prensa de CORREPI ante la sanción de la Ley Antiterrorista

turespuesta aparecerá más abajo, en el foro.
29 de diciembre de 2011

Por CORREPI:

De la Doctrina de la Seguridad Nacional a la “gobernabilidad democrática con cooperación”

La sanción de la más reciente ley antiterrorista del gobierno peronista de los Kirchner, la octava desde el inicio de su gestión, fue tema abordado por periodistas, comentaristas, “opinólogos” profesionales y políticos, y, de manera bien diferente a las anteriores, silenciadas por las grandes empresas de medios, llegó a los grandes titulares y las tapas de los diarios.

Esta nueva reforma al código penal, igual que las de 2003, 2005, 2007 y 2009, fue propuesta y aprobada en tiempo record para cumplir servilmente con las directivas impuestas por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), uno de los organismos “especializados” internacionales usados por el imperialismo para asegurar sus planes de dominación. A través del GAFI, el FMI y otros organismos similares, el Departamento de Estado yanqui y el Pentágono ejecutan los objetivos formulados a partir de los documentos Santa Fe I y II, y ratificados, en las últimas décadas, en sus planes de seguridad para la región. Así, buscan garantizar el apoderamiento de recursos naturales, el subsidio de su propio déficit interno, la hegemonía en el comercio internacional y el control indiscriminado de los recursos financieros mundiales, homogeneizando la legislación mundial y adaptándola a su nueva versión de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que denomina “terrorista” al mismo enemigo que, décadas atrás, llamó “subversivo”, y basa su acción, ya no primordialmente en la intervención militar directa, sino en la defensa de la “gobernabilidad democrática” sustentada por la “cooperación continental”.

Toda calificación de “conspirativa” de estas afirmaciones desaparece si se ingresa al sitio web del FMI y se lee el “Manual para la redacción de leyes” en la sección “Represión del financiamiento del terrorismo”, publicado por el Departamento Jurídico del Fondo Monetario Internacional el 4 de agosto de 2003. Allí, didácticamente se explica a los gobiernos de los países sometidos a EEUU cómo ajustar su legislación interna, salvando las dificultades técnicas que pudieran surgir por las diferencias que existen entre los variados sistemas jurídicos vigentes.

La nueva ley en nada se diferencia de las anteriores, ni en su contenido ni en la forma de su sanción. A principios del mes de octubre, el GAFI reclamó, de nuevo, al gobierno argentino que avanzara en la sanción de leyes antiterroristas, pues las dictadas entre 2003 y 2009 no alcanzaban. En cuestión de horas, el ministro de Justicia y DDHH, Julio Alak, convocó a una conferencia de prensa para anunciar que el poder ejecutivo había enviado al congreso un nuevo paquete de leyes “para seguir adecuando la legislación nacional a los mejores estándares internacionales, de acuerdo con la Convención Internacional para la Supresión del Financiamiento del Terrorismo y la Convención Interamericana Contra el Terrorismo”.

Al día siguiente de la conferencia de prensa ministerial, las principales representaciones empresariales, como la Unión Industrial, la Sociedad Rural, las cámaras de la Construcción y Comercio, la Bolsa porteña, la ABA y la Adeba, aplaudieron la medida y ratificaron su apoyo al gobierno que más leyes antiterroristas ha dictado en Argentina, mostrando con claridad qué intereses se defienden con ese tipo de leyes.

El proyecto, que duplica las penas de cualquier delito cuando la intención del autor sea “aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales, o gobiernos extranjeros, o agentes de una organización internacional, a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”, ya es ley, votada por la mayoría kirchnerista, buena parte del PJ no kirchnerista, y renombrados “progres” como Martín Sabatella y sus compañeros de bancada de Nuevo Encuentro, el ex radical Carlos Raimundi y el banquero del PC, Carlos Heller.

La ley se sumó a la dictadas, siempre en obediencia al poder imperial, desde 2003: la 25.765 y la 25.764, ambas de agosto de 2003, que recogieron buena parte del contenido de los proyectos fracasados, en 1995 y 1997, impulsados por el menemismo, el radicalismo y el Frepaso, como el arrepentido, el informante, el testigo de identidad encubierta; las leyes 26.023 y 26.024, de abril de 2005, que ratificaron e incorporaron al derecho interno la Convención Interamericana contra el Terrorismo (Convención de Barbados) y el Convenio Internacional para la represión de la financiación del terrorismo de la ONU; la ley 26.087, de abril de 2006, que modificó el encubrimiento y lavado de activos de origen delictivo y dio más facultades para la UIF; la ley 26.268, de julio de 2007, que creó los delitos de “asociación ilícita terrorista”, de recolección o provisión de fondos para tales asociaciones, y, finalmente, en noviembre de 2009, la ley 26.538, que amplió más el Fondo permanente de recompensas.

De allí que resulte llamativo que, después de su total silencio frente a los proyectos anteriores, igual de peligrosos, esta nueva reforma “antiterrorista” del código penal concitara la atención de los políticos del sistema, de los grandes medios y de organizaciones y “personalidades” íntimamente vinculadas -cuando no orgánicas- del partido de gobierno. La inusitada reacción comenzó a partir de que, puesto a defender la ley, entonces todavía en forma de proyecto, el director de la UIF (Unidad de Información Financiera), José Sbatella, dijo que el propósito no era perseguir opositores, sino castigar como actos terroristas las corridas cambiarias, los golpes de mercado o la emisión de noticias falsas.

Sbatella, que antes de ser funcionario kirchnerista pasó por la gestión pública en los gobiernos de Alfonsín, Menem y De La Rúa, abrió, seguramente sin desearlo, el debate. Sus palabras motivaron la inmediata reacción del establishment financiero y del aparato empresarial de medios, que lanzaron titulares como “Éramos pocos y a los medios nos llegó la ley antiterrorista” (nota del editor general adjunto de Clarín, 24/12/2011).

“Como está escrito, la nueva ley abre la puerta a la criminalización de la protesta social”, dijo el senador radical Ernesto Sanz, cuyo partido encabezó el represor gobierno de la Alianza, que asumió en diciembre de 1999, fusilando autoconvocados en el Puente General Belgrano de Corrientes, y escapó fusilando a los manifestantes en todo el país, en diciembre de 2001. Rubén Giustiniani, referente del Frente Amplio Progresista, llamó “paradójico” que “en la Argentina, un país que se precia de estar a la cabeza en materia de Derechos Humanos, se apruebe una ley que significa un grave retroceso en esta materia”. No le parece paradójico, claro, que el gobierno provincial de su “Partido Socialista” en Santa Fe registre los mayores índices de asesinados por el gatillo fácil y la tortura en cárceles y comisarías desde hace más de cinco años.

Otra voz “progresista” que se alzó fue la del juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni, que habló de la “extorsión del GAFI” y llamó “disparate” al proyecto, adjetivo que nunca usó para referirse a sus propios fallos limitando la aplicación del delito de tortura a los hechos ocurridos durante gobiernos militares, pues sostiene que, en democracia, la aplicación de tormentos nunca puede constituir más que delitos menores, excarcelables y prescriptibles, como apremios o vejaciones.

También desde el propio riñón kirchnerista hubo críticas, como las formuladas en sendos comunicados por Abuelas de Plaza de Mayo y el CELS. El segundo se quejó por la “imprecisión de los términos”, mientras que la organización dirigida por Estela Barnes de Carlotto (cuyo hijo Remo votó afirmativamente en el recinto) advirtió que: “Si bien el Gobierno sostiene una política de no represión, los jueces, como poder independiente, serán quienes apliquen e interpreten esta ley. Ante la heterogénea composición de la magistratura, integrada en muchos casos por jueces de perfil conservador, no faltará quien la interprete en un sentido negativo (...) y los gobiernos provinciales con un perfil diferenciado al del gobierno nacional también podrían encontrar la oportunidad de impulsar prácticas represivas de la protesta”. O sea, bastaría una definición más concreta de “terrorismo”, y jueces y gobernadores que sean fieles kirchneristas, para que no tuviéramos nada que temer...

Los kirchneristas y sus aliados, escandalizados por la grosería represiva de la norma -a ellos les gustan las cosas más sutiles-, depositan sus esperanzas en que la presidenta, cabeza del poder ejecutivo que remitió el proyecto al congreso, y jefa de un gobierno que lleva promulgadas siete “leyes antiterroristas” anteriores, vete la iniciativa. Son contradicciones propias de las fricciones internas entre los distintos bloques burgueses, sin que ninguno de ellos abandone su posicionamiento antipopular.

Todo el conglomerado de leyes ya existentes, afines a la que acaba de ser sancionada, establece una frondosa burocracia secreta poblada de informantes, infiltrados, agentes encubiertos y provocadores, legitimados por el “legal ejercicio de la superior función de protección del orden público”, y que vemos actuar a diario, cuando los jueces usan informes de inteligencia de la policía o la gendarmería para fundar sus fallos.

Ahora, es “terrorismo internacional” cualquier acto que tenga por propósito “aterrorizar a la población”, y nada causa más terror a la burguesía que la clase trabajadora organizada y en pie. Es “terrorista” quien pretenda “obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto, o abstenerse de hacerlo”, lo que, claramente, es aplicable a cualquier movilización que exija una medida de gobierno o la repudie. 1

En la actualidad, jueces y fiscales tienen suficiente, con las normas que ya existen, para represaliar a gusto a los luchadores populares. Tenemos compañeros acusados de “extorsión” por reclamar un aumento de sueldo; por “amenazas coactivas” por defender un paro de actividades; por “homicidio” por defenderse de una patota; por “entorpecimiento del normal funcionamiento de un establecimiento productivo” por hacer un piquete frente a una fábrica, sin olvidar las figuras típicamente usadas para reprimir la protesta, como la interrupción del tránsito vehicular terrestre y el atentado y resistencia a la autoridad, o las creadas con ese específico fin, como la prepotencia ideológica, la intimidación pública, la incitación a la violencia colectiva, la intimidación pública y las variantes de la asociación ilícita, “calificada” y “terrorista”.

La sistemática incorporación de más normas represivas, especialmente diseñadas para dotar al aparato estatal de mejores y más eficaces herramientas para criminalizar la protesta social y perseguir a los luchadores del campo popular, muestra que, pese a que con lo que ya tienen les alcanza para que más de 6.000 compañeros sufran el embate judicial por movilizarse en defensa de sus derechos, saben que, más temprano que tarde, crecerán las luchas, y quieren estar preparados para defender sus privilegios.

Las leyes antiterroristas -ésta, y las siete anteriores- son herramientas revestidas de legalidad, destinadas a disciplinar a los sectores y organizaciones que combaten al sistema. Lejos de ser una novedad, son una actualización del esquema represivo del estado que responde a los intereses imperialistas de EEUU y sus organismos internacionales. Su propósito determinante es aislar las luchas, amedrentar a quienes se organicen, y eliminar la resistencia.

La excusa, hoy, es el terrorismo. Como en el pasado, la única forma de enfrentar esta escalada represiva es con más organización y con más lucha, para responder en forma unificada ante cada ataque al pueblo trabajador.

1. El subrayado es nuestro (El Linyera)