jueves, 15 de enero de 2009

Perón y la Semana Trágica:

A continuación, se tratará sobre la actuación activa de un personaje importante en estos sucesos denominados como “La Semana Trágica”.
Dicho personaje mostrará su falta de escrúpulos, demagogia y fascismo, o lo que és lo mismo, su militarismo. Este protagonista es el mismísimo Juán Domingo Perón, con el grado de teniente.
El mismo había ingresado en 1.911 al Ejército Argentino y cumplió sus funciones como encargado del arsenal Esteban de Luca.
Lo primero que puede notarse, es la contradicción existente entre un militar y un trabajador. Algo que el mismo Perón quiso diluir posteriormente, con la denominación de “primer trabajador”. Obviamente, luego de deshacerse de “elementos indeseables”, para él, dentro de los mismos obreros.
Pero, lo mejor en este caso, es atender a lo expresado por él. En especial a lo apuntado por Tomás Eloy Martínez:

1) “…el capitán Bartolomé Descalzo, uno de los mejores jefes que ha tenido nuestro ejército dijo al despedirme: Estamos entrando en la oscuridad, teniente Perón. A las puertas de nuestra casa golpea la más atróz de las tormentas, y el presidente (Yrigoyen) no quiere o no sabe oírla. En Europa, la guera ha terminado con la derrota del mejor ejército del mundo. Los anarquistas vuelven ahora sus ojos hacia nosotos.
Sus palabras me emocionaron. Voy a pedirle un favor personal, le dije. Cuando llegue la hora de hacerle frente a ese enemigo, llámeme. Quiero pelear a su lado, mi capitán.”

2) “Mi antiguo profesor Manuél Carlés, apoyado por el vicealmirante Domecq García, fundó la Liga Patriótica Argentina, en la que se inscribieron muchos jóvenes católicos y nacionalistas. Disponían de una tropa de choque cuya misión principal era poner en vereda a los agitadores extranjeros. A veces usaban métodos violentos, pero eran bién intencionados…”

Si bién, él mismo participó de dicho acontecimiento, su posterior “cambio de rumbo” por absorver al trabajador al sistema opresor del Estado y el Capital, visto como la “salvación” por muchos hermanos de clase, no lava las manos de este asesino. Sino, lo empapa de sangre obrera.
Asesino porque, sin ser necesario abrir fuego, fue quien proveyó el armamento, fue quien abrió fuego desde su cinismo y desde su enfermedad e ignorancia llamada: patriotismo.
Por eso, a Perón, Dellepiane, la policía, bomberos y al mismo Yrigoyen, los señalamos y los llamamos asesinos. Que sobre sus espaldas cargaron, quién sabe cuántas, realidades, sueños y futuros. Vidas, como las de nosotros. El Estado y los Vasena, las dos caras de la misma moneda.

1. “La novela de Perón.”